Definiendo al futuro ciudadano de una Smart City

Reconozco estar obsesionado con la neurociencia y con el concepto del marketing aplicado a la personalidad de las cosas, y ahora intento aplicarlos a todo mi trabajo.

En un reciente escrito, hablé de otro tema más genérico y que trata de la importancia de la personalidad del consumidor, especialmente desde el punto de vista del marketing. Actualmente, estoy centrado en los impulsos de los compradores de tecnologías de la salud y en cómo los proveedores deben utilizar la vía de comunicación más eficaz para enviar mensajes a sus clientes.

En mi trabajo en el sector de las Smart Cities, he detectado la necesidad de comprender el concepto de “personalidad” aplicado al ámbito de la ciudad. Por eso, me he alejado de mi casa en los suburbios, para sumergirme en la vida del centro de Boston, y así tener una sensación más visceral de cómo “vibra” la ciudad o, me atrevería a decir, cuál es su personalidad.

Yo pensaba inicialmente que podría ser una clara desventaja no vivir ni trabajar todo el tiempo en la ciudad. Pero, de alguna manera, esto me ayudó a entender realmente el “alma de esta ciudad”, ya que no estaba tan “insensibilizado” hacia los problemas habituales que padecen.

A nivel más sensorial, pude oler y oír cosas que otros amigos y colegas que viven en la ciudad ya no aprecian. (Un vendedor de desodorante muy popular se refiere a esto como la “nariz ciega”; supongo que los urbanitas pueden sufrir algo parecido con respecto a su ciudad.)

Tratando de analizar mejor los entornos urbanos, he aplicado la tradición francesa denominada Flaneur (quedarse quieto y observar atentamente). Pero, con mi nueva obsesión por la personalidad de las ciudades, también he sentido la necesidad de trascender la mera observación. ¿Qué personalidades podrían aplicarse a los distintos aspectos de la vida urbana?

En lo que respecta a la marca de una ciudad, el concepto “personalidad” se aplica típicamente a todo el conjunto y suele aparecer en las diferentes categorías de turismo/marketing que consultamos. Todos podemos identificar eslóganes como “la tacita de plata”, “la ciudad condal” o “la villa y corte”.

Pero estos apelativos eliminan las diferencias entre los individuos que habitan una misma ciudad. Por ejemplo, muchos funcionarios de transporte me dicen cómo cada ciudad tiene una personalidad “en cuanto al transporte”, para bien o para mal. Y, así, Los Ángeles destaca porque las personas utilizan el automóvil, mientras que las de Nueva York y Londres se caracterizan por el uso del transporte público. En mi área, Boston se sitúa en un punto intermedio de las anteriores.

Resulta curioso ver cómo las ciudades cuyas personalidades están más orientadas hacía el transporte público están a la cabeza del ranking del Smart City Challenge.

Austin

Columbus

Denver

Kansas City

Pittsburgh

Portland

San Francisco

Columbus ha sido el último ganador y creo que pocos de nosotros lo habríamos adivinado, a partir de nuestra propia percepción. (Lea la aplicación de la ciudad ganadora, ya que les ha llevado mucho trabajo).

Incluso, en la lista de finalistas, hay grandes diferencias en cuanto a los conceptos de personalidad y transporte. Por ejemplo, en Austin, hay un gran debate porque se considera que apoyar el crecimiento urbano, a partir de una mejora del transporte, podría danar su imagen de “ciudad peculiar”.

Las ciudades que destacan por su educación pueden ser las más fáciles de detectar. Boston, Los Ángeles, Nueva York y Chicago siempre están incluidas en este tipo de categoría. Yo diría que Pittsburgh también está mutando y va a pasar de ser una ciudad con muchas universidades a otra en la que su personalidad puede ser también considerada como educativa.

Pero ¿qué pensaríamos de las ciudades que destaquen por su “alto consumo de agua o de iluminación”? Más importante aún, quiénes son los que proporcionan estas experiencias desde el sector público.

Mi experiencia me dice que muchos proveedores tienden a ignorar este concepto de “personalidad” de las ciudades y la neurociencia que hay detrás de las decisiones de los responsables públicos de cualquier urbe. No sólo se trata de enfocarlo desde el punto de vista comercial, sino desde el compromiso con la ciudad y con los empleados que la hacen funcionar de forma personalizada, y con un completo entendimiento de qué es realmente lo que les caracteriza.


Autor: Frank Cutitta

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